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CONTRA LA PARED

Desde los ocho años, la escaladora eslovena Janja Garnbret es una máquina de ganar. Pero cuando algunos errores inesperados frustraron su camino hacia la conquista del oro, tuvo que mirar en su interior y descubrir por qué se había enamorado de este deporte.

La valentía y el arrojo son cualidades que han definido siempre la carrera de Janja Garnbret. Bien enfrentándose a algunas de las formaciones de roca más duras de Europa, bien ganando varios títulos mundiales en los muros de escalada, la joven eslovena nunca ha tenido miedo de poner su cuerpo al límite. En 2013, con solo 14 años, participó en el Campeonato Juvenil Europeo de Bouldering, su primer concurso internacional. Y lo ganó. Desde entonces, ha dominado por completo la categoría femenina, lo que ha hecho que el comentarista de escalada Charlie Boscoe la defina como "la mejor escaladora en roca de todos los tiempos", a pesar de tener solo 21 años.

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Pero pagó un precio muy alto por este dominio incontestable, ya que en 2019, después de haberse sentido arropada siempre por la comunidad escaladora, descubrió que estaba muy sola en el pedestal que ocupaba desde hacía años. Sobre todo cuando las jóvenes a las que había inspirado en la práctica de este deporte se convirtieron en rivales que estaban esperando el mínimo error por su parte. Janja posee una gran fortaleza física, pero a una serie de errores inesperados le siguió una mala racha, lo que le permitió descubrir que también los mejores dudan.


DE NIÑA PRODIGIO A MÁQUINA DE GANAR

Cuando Janja era pequeña escalaba todo lo que se encontraba en casa. Creció en un pequeño pueblo esloveno y volvía a sus padres locos escalando sillas, mesas y cada mueble que se le ponía por delante.

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Entraban en una habitación y se la encontraban sonriendo en lo alto de un armario. O, como muestra una foto de entonces, colgando de la parte superior de una puerta. La pequeña Janja de la foto no tendría más de cinco años y sus agarres con manos y pies ya eran lo suficientemente fuertes como para posar tan relajada y tranquila como si estuviera jugando con muñecas. Y no había duda de que mentalmente ya estaba preparada.

Me enamoré de inmediato, hacía que me sintiera libre.

Para dar rienda a su vocación temprana, sus padres la inscribieron en un curso de escalada en roca. "Me enamoré de inmediato", recuerda, "hacía que me sintiera libre". A los ocho años se presentó a su primer torneo, demostrando ser una auténtica niña prodigio y llamando la atención de los mejores entrenadores eslovenos, entre ellos Gorazd Hren, actual entrenador de la selección nacional. ¿Qué impresión le causó ver a la pequeña Janja escalar a tan corta edad? "Era increíblemente valiente. Solo pensaba en escalar y no le daba miedo hacerse daño".

Poniendo en perspectiva sus ascensos, aquel coraje sigue intacto en la actualidad. Escala paredes a un ritmo que muchos no podrían ni soñar en alcanzar, saltando y equilibrándose entre agarres de colores intensos con un aplomo que despierta la admiración de sus compañeros de escalada y de recién iniciados en este deporte. Sus movimientos dinámicos, cuando salta de un agarre a otro, son realmente prodigiosos.


SUPERAR OBSTÁCULOS: UN SALTO MENTAL

En 2019, con 20 años, se clasificó cómodamente para Tokio, donde la escalada deportiva iba a estrenarse como disciplina olímpica y la diminuta nación eslovena soñaba con alcanzar grandes éxitos. Hasta ese momento, la trayectoria de Janja solo apuntaba hacia una dirección: el cielo. Sin embargo, de repente se cayó y no pudo estar en la final de una cita de la Copa Mundial. ¿Un desafortunado desliz o los primeros síntomas de debilidad humana?

"Me sentí triste, disgustada y sorprendida por no haber disputado esa final. Después de ganar 6 Copas del Mundo de escalada en bloque y 1 Copa del Mundo de escalada de dificultad, creía que podía seguir ganando. Como eso no pasó, empecé a dudar de mí misma, pero era yo la que me estaba poniendo encima toda la presión".

A finales de 2019, cuando Janja no consiguió clasificarse para la final de una competición nacional eslovena, estaba claro que algo pasaba. Había logrado lo impensable durante la temporada, pero ¿estaba empezando a perder la concentración? ¿O era puro agotamiento físico?

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Pensé que era importante cambiar mi rutina de entrenar sin parar y salir un poco de ella. Para resetear...

"El final de la temporada fue para mí muy decepcionante", recuerda Janja. "Decidí que era importante cambiar mi rutina de entrenar sin parar y salir un poco de ella. Para resetear...". Buscó consuelo en la naturaleza, viajó por carretera con su amiga a Siurana, en Cataluña, y allí, en los formidables acantilados de piedra caliza rodeados de bosque, recordó el placer de aferrarse a la roca con los dedos y volvió a sentir de nuevo el gusanillo de escalar.

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"Aquel viaje no fue un descanso porque seguía escalando y haciendo vías difíciles", recuerda. "Cuando escalo, me concentro totalmente en la vía, la pared y yo nos fundimos. Siento los agarres, los movimientos y todas las dudas desaparecen... no pienso en nada".

Salir de la rutina había funcionado. Janja volvió a casa renovada, recuperada y lista para prepararse para Tokio y entrenar más duro que nunca. El tiempo libre también la había ayudado a replantearse su visión sobre sus rivales más jóvenes, a ver su presencia como algo positivo y su compañerismo como un estímulo, en lugar de observarlas como una amenaza.

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CON LA VISTA PUESTA EN LA CUMBRE

Durante la pandemia de la COVID, la soledad que tanto necesitaba unos meses antes se convirtió en una obligación a nivel mundial. Se cerraron los gimnasios y las paredes de escalada en espacios interiores, y se cancelaron todas las competiciones, incluidos los Juegos de Verano. "Al principio me dije, serán solo dos semanas, no será un problema, pero fueron meses...", explica. "Tenía un objetivo, competir, y cuando las circunstancias cambiaron, fue muy difícil, una desilusión".

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Cuando las restricciones se levantaron por corto espacio de tiempo en verano, Janja logró participar en algunos eventos europeos. Y se le dieron bien pese a la experiencia surrealista de competir con mascarilla. Se aseguró el segundo puesto en un evento de la Copa del Mundo en Francia y una victoria en los nacionales eslovenos. Pero luego, cuando la segunda ola se extendió por Europa, todo volvió a cerrarse.

He aprendido mucho... de mí misma, de los que me rodean y de mi entrenamiento. Ha sido un gran desafío, pero también un año de crecimiento.

Fue un año frustrante pero Janja logró contemplar nuevas opciones en medio de la vorágine de acontecimientos. En una de sus publicaciones de Instagram escribió: "Cuando pienso en este año, no quiero que todo esté rodeado de pesimismo. He aprendido mucho... de mí misma, de los que me rodean y de mi entrenamiento. Ha sido un gran desafío, pero también un año de crecimiento".

Tendrá que poner en práctica todo lo aprendido para subir al podio en Tokio. Este año, más que ningún otro, Janja necesita alcanzar su cima, no quedarse colgada de la pared. Mientras el coronavirus siga torpedeando los programas de entrenamiento y las competiciones, seguirá siendo "un gran desafío". Pero esta escaladora extraordinaria está lista para enfrentarse a cualquier reto.


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